lunes, 1 de marzo de 2021

Vivimos en un lunes discontinuo que tiene una salida de emergencia.

 Vivimos en un lunes discontinuo, todo tiene un significado parecido a diario. Nada parece ya muy real.

En carnaval se viralizó la buena farra de los turistas en Salinas y Montañita. En una provincia contigua, mi sobrino y yo jugamos con el mar y las olas de la playa en Liguiqui, un lugar sepultado por la vegetación gigante, que tiene aires e historia de ancestral. 



Nos contamos todas las leyendas posibles. Él narraba una del internet, yo convertía en relato contemporáneo la historia del hombre que, a cambio de no envejecer, depositaba en un cuadro todas las pequeñeces de su alma.



Fuimos el influencer de la internet y la reina de Liguiqui. A las seis de la tarde, el tropelio de imágenes, piscinas, espuma, desenfreno y goce me hicieron pensar que la pandemia tiene diferentes significados para cada uno. Y que nos puede marcar tanto el uso del espacio. Hasta hacernos desaparecer.

Con los avisos epidemiológicos bien leídos, en mi agenda anoté lo siguiente: no saldré de la casa hasta el primero de marzo. 

Una buena promesa que no pude cumplir.

Lo intenté leyendo, me acompañó Edward Limonov, el poeta al que Emanuele Carrere presenta como punk y desahuciado ante el estado de las cosas, me entretuve todo el fin de semana, pero luego ya no quería pensar en todo lo sucedido. La Unión Soviética se sentía como una trampa sin huecos para escapar. Algo así como mi claustro tropical. 




Decidí que iba a nadar en los horarios que me resultaran convenientes para huir del tropelío. A veces pensaba, sola, mientras recorría el edificio desde el que todos se lanzan,  en todo lo que hubiera querido hacer de chica, pero no fue posible, por miedo, ausencias, apegos a la melancolía y a la tristeza. 

Sentimientos humanos que no siempre sabemos gestionar y que nos tocan la puerta, como la segunda pandemia de la vida.

Recuerdo al amado Juan Martin Moye de mi infancia, niño santo que se sacó los zapatos para donárselos a un pobre. Llegó ensangrentado a su casa, gran labor de quienes me enseñaron aquellas palabras, convencerme de que para hacer algo importante en esta vida, hay que sufrir.



En pandemia vivimos bastante solas, nos escuchamos bastante a nosotras mismas y la voz que se desprende de las paredes de la habitación que tenemos en la cabeza puede estar anclada a otras latitudes de nuestros recuerdos, que se desenvuelven sin la intervención de otros. A veces toca decidir. 

Siempre es bonito conocer a los fantasmas de tu infancia. Verlos sonriendo frente a ti, parecidos a la gente que aparece representada en el cuadro de “Las meninas”, escuchar a  la princesa rubia bonita, convertida en chico. 


Así dure poco la ilusión, si fue sincera y produjo otro relato, bienvenida. 

Al presente, o al baúl de lo que algún día se volverá a recordar.

Más allá de que piensen que imaginar otra realidad es una locura, es lo que nos permite escapar. 

viernes, 26 de febrero de 2021

“Learn me how to remember any extraordinary pleasure”

 

Tengo la buena voluntad de cambiar mis hábitos porque no creo en las soluciones estatales. 

Nadie se va a autorregular si le resulta lucrativo depredar el mundo, contaminando las aguas, destrozando los parajes, acabando con la selva. 

Ya en estas líneas sospecho que unos pocos me van a odiar.

No te preguntas que es todo lo que se mueve en el mundo para que te puedas comer tu platillo favorito. Durante 30 años fui así. 

Crecí entre gente de izquierda y liberales económicos, fue una buena combinación, me dio la libertad de elegir al recibir tanta información.

A veces quería preguntarle a mi padre si era Stalin el sepulturero de la izquierda socialista, o lo era el acabar con el proyecto de los soviets, el atacar a medianos empresarios agrícolas, anular la crítica del maravilloso cineasta Alexander Medevkin, o a qué se podía referir.



A mi hermana sí le dije que todos los desastres bancarios conocidos tuvieron salvatajes del estado. Y que yo ahí el liberalismo económico no sé dónde está. Décadas sin tener muy claro en que creer, tomando ciertos principios de los Derechos Humanos porque pensaba, y sigo haciéndolo, que garantizan unos mínimos de dignidad y de control ante el estado de naturaleza, como lo entendía Tomas Hobbes. 

Quizás yo no tengo razón y todo lo que escribo sea una pavada, no soy politóloga, ni intelectual, solo tengo intereses periodísticos, literarios y me gustan las Ciencias Sociales, pero más allá de mis carencias, sí me importa la libertad, por eso, esta es la lección que me dio Ganimedes, mi bicicleta, la quiero contar ahora.

Hace un año le compré la bicicleta blanca y pequeñita a Kathy García, durante la pandemia, ella se convertiría en mi profesora de ciclismo, resultó interesante nuestro proceso pedagógico ciclista porque mi amiga de la universidad y de la piscina, también estudia Literatura y su visión del feminismo esta cruzada con mi pasión, el Psicoanálisis.

Ella sabe que hay que hacerse cargo de una misma, al final. Las estructuras sociales existen, pero la verdadera libertad está en la toma de conciencia. Esa que me hizo hacerme cargo de lo que como, de donde viene y como puedo con mi decisión, contribuir al cuidado de la naturaleza.

Entonces, entre mi own kind in this tropical city, empecé a resignificar el miedo, la ciudad y la calle. Aprendí a mirar para todos lados, prestar atención al semáforo, lidiar con los enfermos morbosos de la calle y agradecer, sobre todo, a la gente tan bondadosa que se detiene junto a mi cuando voy a virar.



No todo es malo ni aterrador como parece-Aunque debo confesar que yo uso rutas sin buses-las mujeres de la ATM te abren la ciclo vía en sus monopatines supersónicos y en esta vía de la calle, encontré algunos descubrimientos:

-En los parques hay comunidades de ancianitos que comentan entre risas las noticias del día, cada noche.

-Puedo volar entre los edificios del pequeño Manhattan que me rodea.

-Es bastante sencillo controlar el miedo, con la respiración y el prestar atención a todas las señales.

-El miedo, una vez conquistado, es un camino de una vía.

-Se esquiva mejor a la delincuencia.

-La felicidad está en nuestro corazón.

No niego que aun siento algo de temor en ciertas calles, pero no voy demasiado rápido, tengo los dedos clavados en los frenos como me enseñó mi profesora y me hago responsable del impacto ambiental que generan mis movilizaciones.

El efecto del ejercicio en el cuerpo, ni se los cuento, tonifica todo el cuerpo de forma brutal y sin gastar nada. Sobre la delincuencia, si les recomendaría que, si no saben salir y andar rápido, dediquen uno mes a practicar en un espacio seguro.

Y así como mi maestra me enseñó a recorrer las calles, si alguien necesita de mi ayuda-Por ahora en vías sin buses-aquí me puede encontrar.

Mi bicicleta se llama Ganimedes como la protagonista de “As you like it”, la obra de Shakespeare, porque como ella, siento que:

“Unless you could

Teach me to forget

A banished

Father, you must not

Learn me how to

Remember

Any extraordinary

Pleasure”

De alguna forma extraña, eso hizo el pequeño corcel de esta princesa que cree en la aristocracia del corazón.


(Dedicado a mi abuelo, quien decía que la Ecología rimaba con Economía).

viernes, 29 de mayo de 2020

¿Por qué las fotos publicitarias necesitan tanta luz?

La cobertura de plástico que parece una tapa rodeando la cabeza de los dependientes en el supermercado es la prueba fehaciente de que estamos en una película de ciencia ficción. Con nuestras mascarillas encima sobrellevamos la pandemia en Guayaquil, desconociendo hasta el día de hoy si los fallecidos tenían determinado perfil epidemiológico, o barrial. ¿A quién le importa como podemos prevenir si tenemos rueda moscovita, más malles que otras ciudades del país, y la disponibilidad de pintarnos el cabello de formas muy parecidas a las disponibles en otros países?.

Nuestra globalización no es del pensamiento, más bien se ve tinturada. 
¿A quién le importa si el problema es el hacinamiento? pensaba el miércoles mientras contemplaba una sucesión de tortas cremosas siendo fotografiadas por un conocido en la cita más extraña que he tenido en el año precedente. Algún día espero entender porque para ser deseable en el mundo de la publicidad, un producto tiene que parecer salido de la corte de la princesa María Antonieta. 

¿Cómo llegó a contaminarse el río Guayas? ¿Y en que memoria quedaron todos los árboles que se perdieron en nuestra ciudad? Sí,  somos madera de guerrero y quizás algún día podremos vivir en Mocolì. Siento que es una época de uso, épica del desastre, demasiado marcada por la beneficencia, y poco por la necesidad de políticas públicas que preserven el pensamiento, y el medio ambiente.





Si tuviera un dólar por cada ocasión en la que un tipo me ha dicho que soy un genio, y la más bella del mundo-Y no es así, sólo tengo una biblioteca en mi casa, y obvio que no soy lo que esta sociedad llama "fea", pero me importa poco en un mundo donde la persecución por las apariencias nos cuesta demasiado ya-sería millonaria, y no quizás podría invertir en paneles solares, y bibliotecas, con la esperanza de que ese mundo de "Usar y tirar" se desgaste un poco. 

Hay gente que es tan pobre que lo único que tiene  es plata. Y otros, flashes y decoraciones de luz artificial. 

jueves, 23 de abril de 2020

Semejanzas y diferencias entre el Ayuwoki y el amor

Hoy me entrevistó la hija de una de las mejores escritoras de mi ciudad, la autora de un libro que me sacudió tanto como puede resultar demoledora la caída de un amor romántico en los ideales de cualquier persona. 

Dos horas antes de nuestro encuentro telefónico, terminaba mi jornada de compras semanal junto a mi madre. Mientras reíamos, recordando que mi gato se patea a él mismo, sin razón aparente, terminamos de atravesar la vereda que rodea el parque central.

Al cruzar el camino empedrado desde los tiempos de la Colonia,  una camioneta destartalada, transportando dos ataúdes vacíos y desprovistos de cualquier sentido de lo prolijo,  me hizo exclamar:

-Todo esto es horrible. 

Ella contestó, sin inmutarse, con la voz más clara que ha compartido conmigo en su vida: 

-La muerte es parte de la vida. 

Para muchas de nosotras, el encierro se ha convertido en un espacio ultra personal, confinadas a diario con el recuerdo de  nuestros amores superados, el miedo al futuro, ciertos cambios drásticos de hábitos-Ya no como mamíferos de ningún tipo- y nuevas configuraciones de lo que antes llamábamos realidad. 

Mi barrio, el centro bancario y comercial de la ciudad, parece ahora un campo semi vacío, sacado de los corredores interminables que llenan el juego Resident evil, pero transformado al color pastel crema, verde, amarillo, y rosado,  habitado sólamente por las filas interminables en los bancos, los vendedores informales que ofrecen piñas montadas sobre carritos de bebés, y uno que otro vecino que camina en shorts bastante hogareños.


Ahora vivo en un pueblo chico de la costa ecuatoriana, con calor, pero sin playa, junto a  un río en desuso, charco de agua en la ciudad. 

En medio de esta abandonada no campiña del downtown Guayaquil, al inicio de mi primera cuarentena, se contactó conmigo a través de la telefonía móvil, lo que nunca supe si fue un amor, o un gran fracaso, un episodio de "Black mirror" que viví con gran alegría, y desencanto, algo que empezó en noviembre del año pasado, e incluso  ignoro hoy, si como idea, algún día habrá de terminar.. 

Inicialmente, nuestra complicada conversación inter continental superó todos sus desplantes previos-Motivo que como estocada final de torero, vandalizó nuestra primera separación, en la que ni siquiera medió una breve disculpa, o explicación de su parte-zanjándolos con un: "Es que yo me di cuenta de que estaba enamorado muy tarde", que sin sus ojos extraños de por medio, sonaba, sinceramente, a traición.

Las farsas se desenrollan tarde o temprano, y así, esta, protagonizada por los dos,  no tardo en quedar al descubierto.

 Y es que todo el inicio, conflicto y desenlace, mediatizado a través del móvil, mientras yo  descargaba las canastas de frutas, barría la casa, terminaba la tesis,  de verosimil  nada tenía. 

Ya sin su cuerpo presente, todo el discurso dejó de apestar a verdad. 

Descubrí que mi furtivo y extraño romance previo, basado en cuatro, o cinco instantáneas salidas, no era más que el fantasma de algo perdido por mi en el pasado, pues yo al tipo no le conocía lo suficiente.

Ignoraba que era filofascista, admirador de la falange, de Primo Rivera, y de Vox, aunque esto último si lo deslizo días previos a nuestra partida. Lo decía con una frescura tan limpia, que a veces me hacía dudar de mi veracidad.  

Hoy, mientras conversaba con la joven estudiante, vinculamos las leyendas que nos contaban de niños, para asustarnos, y que siguen repitièndose, como "La llorona" con la aparición del "Ayuwoki" como narrativa de terror presente en un mundo globalizado. 

Para quienes no tengan sobrinos, o hijos chiquitos, les cuento que me refiero a un personaje de terror que simula a Michael Jackson en su posterior etapa de decadencia, es decir, después de zurcir sus carnes con un exceso de cirugías plásticas.

Mientras respondía las preguntas de la alumna, recordé que en algún análisis de datos realizado mientras cursaba las clases de la maestría, esta figura aparecía como un fenómeno buscado en redes sociales por millones, en lugares disimiles del espacio global. 

Los cuentos de terror que nos contaban desde niñas, en los baños de la escuela católica,  eran pequeñas historias moralistas, como tantas otras,  algunas nacieron en la institución, como la del payaso borracho que se ahogó en la piscina de la terraza, otras mucho más amplias, al espectro Ecuador, como aquella protagonizada por María Angula, una mujer loca que se comía a sus hijos. 

 Antecedentes que viví en mi infancia, de esta historia protagonizada por un cantante de música pop, que disfrazado de espectro, asusta a los niños a través de los teléfonos móviles, y alguna tablet disponible en la seguridad de su hogar.


Al cerrar la llamada, y agradecerle a la brillante adolescente sus preguntas, me quedé pensando en la fascinación que el horror ha causado en mi durante los últimos cinco meses.

En realidad, desde la infancia. Quizás hasta pueda decir que desde cierto punto de vista, yo amaba el horror.

Quizás amor, y horror no rimen en lo absoluto, o sí, pero fascismo, y capacidad de perplejidad, tampoco. 

Y así, horas después,  observé como el ataud de mi amor se destrozaba, camino abajo, por la ruta de las falsas ilusiones adolescentes. 

Esas que algunos demoramos mucho en olvidar, y que sostienen el mundo de nuestras ideas.

Aunque desaparezcan, como el Ayuwoki, la María Angula, la verdadera Falange, y cualquier otro tipo de escandalosa decadencia.  

lunes, 30 de septiembre de 2019

Las feministas de mi generación, también nos disfrazamos de cheerleaders

Dedicado a todas las mujeres , y hombres, que cada día me ayudan a ser mejor.  



Se están convirtiendo en alertas tempranas, rosados precipicios, colinas que frisan lo indecible, 
las notas que se despiden de la vida, en medio de las redes sociales. 

Una amiga que forma parte de mi familia, me dice que quizás todo se relaciona con el arte de 
pensar, insistir martilladamente diez mil veces sobre lo mismo, obsesionarse con una idea, 
dejar de crear. 

Yo siento que la verdad fluye cuando no existen barreras visibles, y que el deseo-No envuelto 
de mentira, estadística pura, deshonestidad, o fracaso-es la fuerza inmedible, que se deshace hoy en sociedad. 

Este fin de semana escuché dos elogios enreverados. Un tipo al que respeto intelectualmente cometió-Fruto de sus traumas-el error de con ninguna sensibilidad decirme: “Es que una mujer como tú, en Guayaquil sólo va a encontrar hombres casados”, y otro, sin ningún recato me llamó “Alevosa”, porque acertada o no, creo que puedo decidir.

Me parece, como dice una amiga psicoanalista, que de todo evento se deben mirar los deseos y motivaciones que en nosotros suscitan las acciones, y debo reconocer que yo, me he sentido atraída por animales que marcan su territorio a la conveniencia de una serie de complejos de Edipo mal resueltos, de esos que pululan en nuestra sociedad.





Mis queridas activistas de “Rescate animal” dirían que somos animales humanos, y no dejan de tener razón.  Creo que en medio de un momento difícil, escuché una opinión sensata, repetida por segunda ocasión, por uno de estos salvajes animales.



 La primera explicación coloquial y acertada que oí,  sobre el machismo, la escuché en medio de un periódico sensacionalista donde me encontraba laborando, allí, en medio de preguntas que nos apasionan a los periodistas, como: "Y por qué en los barrios más empobrecidos, no emplean todos los dispositivos gratuitos que ofertan los planes de educación sexual",  los chicos narraban el ritual del morboseo en medio del suburbio guayaco: 




"De chiquito pasa una man guapa, y los mayores te dicen que si no le silbas a las mujeres, eres maricón".


La explicación sensata que me dio el animal número I-Todos siempre tenemos algo de luces y sombras, en medio del diálogo- era que a ciertos hombres les enseñan en este país (Él lo reconocía como su caso) que el cuerpo de las mujeres es algo que pueden portar, como si un arma fuese. 
  
Palabras pronunciadas por un tipo seudo deconstruido, dirían mis amigas feministas,  de esos que te llaman “Altanera” porque tienes opiniones propias, y consideran como una expresión de intensidad, los celos porque en todo el historial de su vida, se ha cambiado de pareja como de pantalón.  



Un asunto que no quiero juzgar, y pertenece cada uno, pero que en todo caso, la opinión sobre estos menesteres amorosos,   se construye desde la mirada más personal, y entre dos, y si creo que puede ser motivo de preocupación sensato, en todo caso, algo privado-Al final, uno decide con quien quiere, o no estar- como lo es el divorcio de dos activistas abanderadas  del "Matrimonio civil igualitario", aunque nos cueste tanto separar la militancia en Derechos Humanos, de la vida pasional.






Creo que al final, ninguno de nosotros debe renunciar a su deseo-De encontrar el amor, o el divorcio, en el camino-y que todos los mal casados del mundo deberían empezar a pensar que quizás las mujeres solteras,  como nosotras, no queremos ser un saco de cuernos, e infidelidades, que en esta vida suenan ya a desenfreno, a tonada cotidiana, a lugar común.

Las adicciones-El placer en el bolsillo, como lo entendía Freud-lo son de todo tipo, y hay gente para la que un sentimiento sincero, es una pila de basura, en un país donde ni siquiera existe el reciclaje.  



Creo que la gente puede tornarse adicta al cuerpo, aunque socialmente, esté pemitido.

lunes, 19 de febrero de 2018

#NeverAgain o el nuevo movimiento pacifista norteamericano

Vivimos mirando en la televisión el sinsentido. 

El jueves pasado recibí una imagen que sin quererlo me hizo llorar, era el dibujo de una calavera mexicana armada con manos de robot, que flota implacable en una nube diminuta. Conozco a una niña latinoamericana que representó así la matanza en una escuela cercana a la suya. Poco y nada más puede hacer con su dolor. 

Sin frontera visible ante la matanza, sólo la separan dos millas de la desgracia. Ella dice que el día del atentado en su escuela se apagó la vida normal de la escuela, corrieron a esconderse los pequeños bajo los pupitres, esperando lo irremediable, mientras las luces de los móviles se encendían sin interrupciones, transmitiendo mensajes algo esperanzadores en medio de la penumbra:  "Estoy bien, hermano" le escribían a su vecino de banca". Todos los que tienen a sus seres queridos estudiando en un establecimiento público lloraban contemplando a la muerte,  cercana a su centro de estudios.


A la pérdida de vidas absurda y sin frenos, nos hemos acostumbrado todos, como si el mundo tuviese que ser un espectáculo de lobos comiéndose a otros seres humanos,  mientras la vida transcurre en silencio, en democracia, con niños sentados como prófugos del fracaso institucional, consumiendo su miedo. 


Crónicas, vídeos y lamentos sobre un fenómeno que a duras penas podemos comprender en su totalidad. Con 18 tiroteos a cuestas, el 2018 parece un western guerrero de estudiantes, protagonizado por jóvenes que disparan rifles y fusiles comprados en el supermercado. 

Del otro lado, una suerte de movimiento pacifista se toma los medios de comunicación y las redes sociales. Un tuit emitido por una chica que ha cumplido los 16 años, pidiéndole explicaciones a Trump, generó ya 600.000 muestras de apoyo. 

Ven a decirme en mi cara que no recibes dinero de la Asociación Nacional del Rifle le gritan frontalmente los jóvenes, en medio del duelo y el terror, al presidente del país más poderoso del mundo, un hombre pelirrojo y bien vestido que ofrece sus condolencias a un grupo de muchachos. 

Si la escuela secundaria puede ser un lugar donde incubar la adolescencia, en medio de tiroteos y amenazas, no hay como escapar de esta película de terror.

¿O sí? 



Hoy, mientras replicaba los mensajes que el grupo de chicos emite en todas las entrevistas y redes sociales: "Más control de armas" muchos amigos-Treintañeros bien intencionados como yo- me decían que no existe esperanza, que el mercado de las armas mueve dinero en demasía y que quizás debamos acostumbrarnos ya a la cobertura noticiosa como sublimación ante nuestro ácido desconcierto.

Cruz, el asesino, hijo adoptivo de una familia cualquiera, escribía mensajes racistas en Instagram, se dibujaba en palabras y videos de youtube como un futuro pistolero contemporáneo, con un historial depresivo a cuestas, sufriendo la muerte de sus padres. 

Al parecer-Dicen sus ex compañeros-lo invadía una capacidad escandalosa para el aislamiento. Finalmente mató a 17 jóvenes y sin quererlo, despertó al movimiento pacifista norteamericano, encarnado en los rostros de un grupo de padres, adolescentes y profesores. Sus vecinos le grabaron disparando afuera de la casa. Sin control. Un sistema estatal que parece no contemplar las señales más públicas. Este jovencito, con su historia perturbadora en las redes sociales y una denuncia previa a la policía a cuestas, mantenía un rifle guardado en su casa. 

Los sobrevivientes de esta masacre, llorando sobre sus amigos a quienes vieron caer, manchando de sangre los corredores colegiales, decidieron marchar contra el libre comercio de armas de guerra. 

De seguro se esconden muchos motivos detrás de los asesinatos y la crisis de la masculinidad a la que apuntan un par de autoras se alza en medio de un mundo que lanza proclamas como formas de identidades totalitarias, casi nuevas religiones, sin embargo, en medio de tantas iniciativas simbólicas, después de innumerables tiroteos, un grupo de jovencitos decide alzar su voz y exigirle a su gobierno que la guerra cese en los colegios. 

Su valentía-Como a miles de personas-me conmueve. También tengo ganas de apoyarles y gritarle a Donald Trump: #NeverAgain

viernes, 23 de junio de 2017

Categoría A en banalidad y moralina: el baile de la silla y el rector


Observó, con las piernas cerradas, pensando en la pornografía, a los vecinos de al frente.

No, en realidad no tengo pensamiento alguno dedicado a la pornografía, a los derechos de cuarta generación-Los informáticos-que allí se gestan, porque yo, soy una persona decente.

Soy tan decente que condeno al rector de una universidad porque contempla, inmóvil, a una mujer atractiva, danzante de algún ritmo de moda, mientras él se divierte.

Categoría A en diversión y Z en moralina frustrada para todos los que critican sus pasatiempos.

David Bowie canta Lets dance“ ” mientras escribo, y sonrío indignada, ante el conservadurismo que nos invade. 

Porque al menos  yo, con el video, sólo me reí. Declaraciones van y vienen, la fiestita se realizó en el Malecón del Salado, con fondos privados: sí, privados, aunque nos guste repetir las versiones iniciales de las redes sociales, olvidando la máxima del periodismo, nosotros, emisores y receptores: preguntarle a todos los involucrados antes de sacar la conclusión de su corrupción, gordura horrorosa o peluconería causante de todos los males.


El totalitarismo es-Ante todo-Videopolítica y una forma de discurso que nace de la cultura. Por eso siempre se culpa a las víctimas.

Nos entretiene el chisme, pero al menos a mi, me indignan otras cosas, las noticias sobre la selva y el Yasuní, me interesa con cierta profundidad la defensa que hacen los indígenas de su territorio, aun me sorprende la burla de la clase media para con un dirigente indígena que llevaba la cara tiznada de negro,  las palabras de la concejala Daniela Chacón diciendo lo que todos sabemos sobre el transporte público y la maldición del morboso en sus filas, o las noticias sobre niños violados y más de sesenta mujeres asesinadas en lo que va del año.

Esos hechos le competen a la política pública. 

¿El baile de la silla y el rector?


Fruslería privada, chiste o motivo de burla. 

Que lance la primera piedra quien se considere a si mismo, Miguel de Unamuno.  Porque un bailecito-Los valores estéticos son menores-no violenta la autonomía universitaria.

 Los ogros filantrópicos y los Vizcondes demediados legales, saben como entretener a sus audiencias.